Archivado en: General
No fue un inicio brillante. La verdad es que no teníamos muy claro lo que íbamos a hacer. Para colmo las bicis no llegaron nunca. Estuvimos tres días esperando en Roncesvalles a que llegaran y finalmente tuvimos que bajar nosotros y recogerlas en Pamplona.
Esos tres días paramos en la posada (no sabíamos ni que existía un albergue). Si algo tuvo de bueno es que pudimos pasear por los alredores, hicimos varias rutas a pie hacia arriba y hacia abajo (las ampollas en los pies de Emilio lo recordarán) y finalmente tuvimos que bajar en taxi para recoger nuestras bicicletas en Pamplona y comenzar allí.
Los primeros días fueron duros para Emilio que poco a poco se fue haciendo con la bici. En Pamplona aprovechamos la mañana para visitar la catedral y alguna cosa más.
Y realizamos nuestra primera etapa del camino hasta Puente la Reina. La primera en la frente: la subida al Perdón y después la bajada. Casi nos matamos por esas cuestas y de repente nos encontramos en medio de una aventura increible.
A pesar de todo algo iba enganchándonos cada vez más. Las dificultades de estos primeros días habían conseguido que estuviéramos aún más ansiosos por hacer camino. En Puente la Reina buscamos sitio para dormir y una señora, por una módica cantidad, nos alojó en una habitación de su casa. Entonces no había casi albergues por allí y la gente que iba en bici tenía pocas posibilidades de coger sitio.
La casa era vieja, como su dueña; en el centro del pueblo. Después de lo cansados que veníamos pudimos aprovechar para recuperar fuerzas en uno de los baretos del centro y a dormir. El primer día había sido agotador y emocionante. Todo estaba bien a pesar de las situaciones pasadas. Habíamos perdido tres días en Roncesvalles y nos había destrozado la subida al Perdón a primera hora de la tarde (con su correspondiente bajada llena de piedras en la que me destrocé las manos usando el freno). Pero estábamos enteros y nuestras bicis también.
Dejar un comentario hasta ahora
Deja un comentario

