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Todo comenzó en el 97. Había preparado un viaje a Galicia con María del Mar y mi hermano Emilio y su mujer: Manoli. El viaje era por las rías baixas y visitaríamos Santiago de pasada. Mi amiga Carmen me había indicado los restaurantes, los lugares, los paisajes: todo perfecto. El viaje fue una maravilla desde A guardia a Santiago.
En realidad el viaje era como todos los que habíamos hecho: dos matrimonios jóvenes de gente sencilla, posición económica saneada y ganas de pasarlo bien, de aprender, de disfrutar. Conocimos sitios, disfrutamos de los productos gallegos, de la amabilidad de las gentes… ¡qué buenos recuerdos!
La verda es que todo se había iniciado porque yo había ido de viaje de estudios en C.O.U. a Galicia y además mis amigos Carmen (Lugo) y Alberto (Vigo) me hablaban tanto de Galicia que llevaba mucho tiempo con la idea e ir allí y disfrutar de todo. Comimos pimientos en Padrón, Almejas en Carril, Mariscada en A Guardia (allí me caí en el restaurante desmayado por una bajada de tensión), O Grove… Y Santiago:
Hasta aquí todo normal salvo por un pequeño detalle: en la plaza de Obradoiro vimos algunos peregrinos y en mi cabeza una lucecita se encendió. En los días siguientes no paraba de pensar en el tema del camino y comenzó a pasar por mi cabeza la descabellada idea de hacerlo: ¡Qué locura1
Al finalizar el viaje le dije a Emilio que estaba pensando organizar un camino y que estaría bien intentarlo los dos para el próximo verano: me había picado el virus de algo que ya nunca me va a abandonar. Así se gestó nuestra primera aventura: Emilio y Yo de Roncesvalles a Santiago en bici.
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