El camino del 97 en Bici: Roncesvalles-Santiago


Llegada a Villafranca del Bierzo.
febrero 18, 2009, 1:26 pm
Filed under: General

A partir de León el camino comienza a cambiar. Poco a poco se hace la transición desde la meseta Palentina hasta las montañas gallegas. La salida de la ciudad es tan desagradable como la llegada, suele ocurrir en todas las grandes ciudades. Avenidas largas llenas de tráfico hasta llegar de nuevo a los caminos. 

La primera parada, nada más salir, es la Virgen del Camino. !Menudo pegote¡  No tengo mucho más que añadir. Es una pena encontrar este lugar en medio de coches y ruido. 

Poco a poco comienzan a aparecer algunos árboles y el terreno se ondula suavemente: son las primeras señales de las montañas que cada vez se ven más cerca. Casi sin darnos cuenta llegamos hasta el Puente de Órbigo: donde tuvo lugar el torneo del paso honroso. Para más detalles: http://es.wikipedia.org/wiki/Paso_honroso

 

Puente de Órbigo

Debajo del puente había unos sauces llorones y a su sombra nos comimos un bocadillo de jamón que compramos en el bar de enfrente. La estancia aquí fue corta y no guardo especial recuerdo, teniendo en cuenta el papel tan importante que este lugar ocupará en algunos de mis caminos posteriores. 

Hasta Astorga tomamos el camino por la carretera: en este ocasión no descubriría la belleza de la ruta que va por el monte. Nada más salir se toma la carretera en un itinerario fácil y corto. El año en que lo hicimos con Maxi y Estíbaliz nos fuimos también por la carretera y nos cayó un diluvio. La variante que va por el monte es tranquila y muy agradable. Uno de los tramos más bonitos de todo el camino francés.

Cuando llegas a Astorga tienes una subida de un porcentaje increible: el camino se empina hasta el infinito y casi tienes que bajar de la bici; es una cuesta corta pero durísima que te acaba matando. Definitivamente el camino ha cambiado: nos encontramos en el corazón de la Maragatería y, como no podía ser de otro modo, tierra del cocido maragato (grandes momentos ante tan maravilloso plato en el que la sopa se come al final).

En Astorga hicimos una visita turística breve y una recomposición de organismos (de entrada y salida como da fe el bar frente al palacio). El camino desde Astorga a Rabanal ya es siempre en subida. Poco a poco se va ascendiendo sin parar. En aquella época los pueblos por los que pasa el camino estaban prácticamente abandonados. Santa Catalina o El ganso eran pequeñas aldeas sin servicios con los edificios en ruinas. Algo muy diferente a lo de hoy día con restaurantes, albergues… Han perdido el encanto de entonces y hoy sus calles tranquilas de entonces dan lugar al bullicio de turigrinos durante los meses de julio y agosto.

Desde aquí hasta Rabanal ya queda poco, las cuestas se van haciendo más duras hasta llegar a la misma población. Allí paramos en el albergue del Pilar. En aquella época aún no tenía todos los arreglos que ahora tiene, era mucho más sencillo pero ya entonces era un lugar encantador. En el patio he pasado algunas tardes estupendas a lo largo de los caminos que he hecho. Siempre he hecho fin de etapa en Rabanal y siempre he dormido aquí. Es uno de los albergues que mejores recuerdos me trae. Estas etapas son una maravilla. Puedes disfrutar plenamente del camino, de las gentes. A estas alturas ya estás físicamente muy bien y recuperas rápido los esfuerzos. En Rabanal sólo había en aquella época un bar (agradable y con buena comida). Por las noches siempre refresca y es necesario recuperar bien porque la etapa siguiente es la subida a la cruz de ferro.

A la mañana siguiente la subida al puerto. Si vas rodado no hay problema, sólo es cuestión de tomarlo con calma y disfrutar de la mañana. Nosotros hicimos la subida por la carretera porque no merece la pena seguir la senda para las bicis ya que el camino es paralelo. La ascensión es dura y no hay casi descansos. Casi arriba llegas a las ruinas de Foncebadón (entonces completamente abandonado) y desde allí un último esfuerzo hasta la cruz.

Se dice que los peregrinos dejan allí una piedra que han tomado en Roncesvalles. La cruz suele ser objeto de disputas y ha recibido varios atentados. En la zona hay conflictos entre Manjarín y las instituciones sobre el tema del camino.

La cruz de ferro

En esta ocasión paramos un momento en la cruz y decidimos continuar sin dilación, no paramos a hacer una visita a Manjarín a pesar de que nos tocó la campana. Uno de los problemas de la bici es que te pierdes muchas cosas, sobre todo en las bajadas. El descenso desde la cruz hasta Ponferrada lo haces sin darte cuenta desde la bici. El asfalto es bueno pero debes ir con cuidado porque hay bajadas peligrosas. Paramos un par de veces para hacer fotos y debíamos tener cuidado porque alcanzábamos a los coches en el descenso. Es una sensación maravillosa descender un puerto después de haberlo subido a tumba abierta.

Descenso del puerto

Bocata de recuperación en El acebo, en cuyo mesón no tienen muy buen recuerdo de Cela. Años después paré a dormir allí y pude contemplar una de las puestas de sol más bonitas que he visto en el camino. El acebo es el pueblo de entrada al bierzo y ya presientes Galicia.

Pasamos sin parar en Molinaseca (error que descubriría varios caminos después) hasta llegar a Ponferrada. Allí visitamos el castillo y comimos en la ciudad. La plaza con el reloj y su zona minera. Aún no habían limpiado toda la zona y era una ciudad oscura y sucia.

Castillo de Ponferrada

Desde allí hasta Villafranca el camino es llano y fácil. Se pasa por una carretera secundaria sin mucho tráfico y hay descanso obligado en la Moncloa (Prada a tope) en Cacabelos. El ambiente cada vez es más gallego, se nota en las gentes y en el paisaje. Me quedé con ganas de haber visitado las Médulas y el valle del silencio (pude realizarlo algunos años después). Y llegamos a buena hora a Villafranca. 

No teníamos sitio para dormir y decidimos, tras muchas vueltas, preguntar en un hostal junto a la carretera nacional. Allí conseguimos una habitación con lo imprescindible para dormir y poco más. Tras instalarnos en aquel antro salimos para ver el castillo, la calle del agua, la iglesia de Santiago y la plaza. Cenamos tranquilamente y nos fuimos a descansar ya que al día siguiente nos esperaba la subida a Cebreiro: la etapa más dura del camino según la guía, un auténtico puerto con un perfil de infarto.

Iglesia de Santiago en Villafranca.

Mi rodilla iba bien, me seguía molestando pero no me impedía caminar. Villafranca es una ciudad muy bonita con un ambiente muy peregrino. La cercanía de la meta nos daba ánimos y también teníamos la tristeza de finalizar el camino.

Anuncios


Hasta León.
febrero 15, 2009, 1:18 pm
Filed under: General

El camino desde Castrojeriz es fácil, sobre todo para la gente en bici. La meseta castellana se hace una recta interminable y se pueden devorar quilómetros. Cuando he recorrido estos parajes a pie se me han hecho muy duro, pero en el 97 casi no me di ni cuenta del paso por estos eriales.

La estancia en Castrojeriz fue estupenda. La mañana se levantó muy nublada y húmeda. Nos levantamos junto a los peregrinos a pie con la música de fondo y el desayuno común.

castrojeriz-niebla

Nada más salir te encuentras con una de las cuestas más traicioneras del camino: El alto de mostelares, corta pero muy dura. Después de un par de quilómetros en llano el camino asciende rápidamente por una pendiente bastante pronunciada, luego la bajada y llegas al Puente de Fitero, el límite de provincia entre Burgos y Palencia.

A partir de aquí el camino fue un paseo, casi no paramos hasta Frómista para almorzar y visitar San Martín. Creo que la iglesia es uno de los lugares más bonitos y especiales en todo el camino. Siempre que paso por allí dedico todo el tiempo que puedo a contemplar sus canecillos y los capiteles del interior.

rollo-boadilla

 

san-martin-de-fromista

canecillos-san-martin1

 

El camino hasta Frómista transcurre paralelo al canal y hace una pequeña parada en Boadilla, con visita obligada al Rollo gótico. Una vez pasada Frómista llegamos, casi sin darnos cuenta a Carrión de los Condes.

Realizamos una pequeña visita a la ciudad y comimos allí. La idea era continuar hasta Sahagún y allí hacer noche. Hasta ese momento el camino había sido tranquilo, sin desniveles y fácil de piso. Nada hacía presagiar que el final de la etapa iba a ser mucho más accidentado.

Al salir de Carrión noté una fuerte molestia en la rodilla derecha: casi me impedía pedalear y tuvimos que parar en el primer pueblo. Habíamos tomado la carretera en lugar de la calzada con su interminable recta. La cosa se ponía fea: estuvimos un rato parados en una terraza y parecía que se calmaba un poco el dolor. Decidimos continuar hasta Sahagún y allí parar ya que habíamos hecho un buen número de quilómetros pero en Sahagún no había sitio para dormir. El albergue de peregrinos de la iglesia aún no estaba montado y no había muchas alternativas salvo que nos acogieran los monjes del monasterio que según nos había contado recibían peregrinos. Durante más de dos horas buscamos alojamiento pero no encontramos nada. Decidimos continuar hasta el primer pueblo en que pudiéramos alojarnos ya que mi molestia cada vez era mayor (ya me acompañaría durante todo el resto del viaje).

sahagun

En calzada del Coto había un pequeño refugio que también estaba completo y pusimos rumbo al Burgo Ranero, a donde llegamos al anochecer. Mi cuentaquilómetros marcaba 120 kilómetros en la etapa. En el Burgo no había sitio en el albergue y conseguimos una plaza para descansar en el hostal que había enfrente.

El Albergue en esa época aún estaba en condiciones, estaba cuidado y la gente del bar de enfrente te atendía con amabilidad. Las otras veces que he parado allí cada vez ha sido peor. La suciedad y el descuido se han ido acumulando y es preferible hacer escala en otros lugares más agradables.

Una buena ducha, una cena agradable y un paseo escuchando el croar de las ranas marcaron el final de una etapa que había sido un calvario. Los quilómetros en los pies se notaban y el miedo a una lesión me preocupaba. 

Cuando haces el camino siempre tienes ese miedo, piensas que cualquier cosa te puede hacer terminar. Yo era la primera vez que tenía esa sensación y lo pasé muy mal. Poco a poco te vas acostumbrando a eso y asumes el que un camino puede acabar en cualquier momento. Relativizas mucho las cosas y te das cuenta que la meta no está en Santiago sino que está en acabar cada día y disfrutar de lo que vives. Hay mucha gente que pasa por el camino sin pararse a saber qué hacen, dónde están o qué quieren: son los Turigrinos, personas que han oído hablar de esto y deciden vivir la aventura sin saber para qué, sólo porque está de moda. En esa época no había demasiados así pero en los años siguiente he conocido muchos personajes de ese tipo, se les identifica fácilmente por la limpieza de su mochila, por lo nuevas que son sus botas. Son los disfrazados de safari modelo Coronel Tapioca. Los que llevan brújulas para el camino pero se pierden en la vida. Más adelante hablaré de ellos con mayor atención.

Es curioso que pasáramos casi toda la meseta en una única etapa. Esta parte es la más dura cuando vas a pie y se hace casi sin notarlo en la bici. Las rectas interminables bajo el sol abrasador se convierten en autopistas para devorar quilómetros. El recuerdo que tengo de estos lugares se modificó luego con mis caminos posteriores y hacen que sea difícil rememorar las impresiones iniciales que tuve en aquel momento. Me resulta muy complicado poder distinguir esos recuerdos y separarlos de los que he vivido después en los siguientes caminos. Cuando recuerdo los sitios me vienen a la memoria episodios de otros caminos: la primera vez que llegué a Castrojeriz a pie desde Burgos en mi camino siguiente, mi parada en Frómista en el albergue antiguo (no tenía agua caliente), las paradas en Carrión y Sahagún…

A la mañana siguiente salimos descansados y repuestos hasta León. La etapa no era muy larga y habíamos programado una jornada de recuperación. Desayunamos en Mansilla y en León buscamos directamente un buen hotel para aprovechar el día. 

catedral-de-leon

¡¡¡La catedral!!! Era uno de los momentos más esperados por mí. Llegar a la plaza y verla allí delante era algo impresionante. Entrar y dejarse envolver por la luz tamizada por las vidrieras representa uno de los momentos más emocionantes del camino. León es especial en muchos aspectos por sus espacios, sus gentes, su barrio húmedo, San Isidoro o el parador de San Marcos.



Castrojeriz
febrero 11, 2009, 4:09 pm
Filed under: General

La llegada a Castrojeriz es uno de los momentos más bonitos del camino. Toda la etapa discurre por lugares espectaculares y yo guardo algunos de los recuerdos más especiales del camino en dichas etapas. La llegada a Hontanas, el albergue de peregrinos de la piscina, Rabé, el arco de San Antón… ¡Qué recuerdos!

Salimos temprano del hotel pero paramos a visitar la cartuja y el monasterio de las Huelgas. La cartuja estaba cerrada pero las Huelgas sí pudimos verlas y disfrutar de un buen rato con su visita. Además estaban cantando las monjas la misa y disfrutamos de un momento increible. Al salir tomamos un café en los bares de la plaza y comenzamos la ruta.

La cuesta matamulos. Una vez allí encontré un grupo de mexicanos que llevaban una virgen en procesión en sentido contrario al camino…

camino12

Casi todas las veces que he pasado lo he hecho bajo una intensa lluvia: esta primera vez los caminos estaban casi impracticables debido al barro. Nos pusimos hasta las orejas y la etapa se hizo bastante dura. Poco antes de llegar a Hontanas encontramos un cartel maravilloso: ALBERGUE CON PISCINA. Cuando uno va en el camino y encuentra un cartel así piensa que Santiago tiene siempre algún detalle con los peregrinos (luego la experiencia te dice que algo malo te va a pasar).  Este albergue es uno de los más pintorescos de toda la ruta, en aquellos tiempo varios “caballeros de la orden” campaban por allí junto a todo tipo de fauna de lo más pintoresco (humana y animal). Al llegar nos pidieron un cigarro (imaginad para que intención) y la piscina en realidad era una balsa de agua gélida llena de diversos animales y varias botellas de vino pare enfriar.

 

Después de alguna proposición indecente y de dar los cigarros salimos de allí lo más rápido posible para llegar a Hontanas: en aquella época la única posibilidad de resguardarse era el albergue de Vitorino. No voy a entrar en detalles sobre el lugar y la fama que lo rodea ni tampoco hablaré de los rumores sobre oscuros acontecimientos acaecidos allí. Es un lugar especial del camino con “solera”. Vitorino bebe vino de una manera muy especial (desde la frente hasta la boca lo deja caer) y en aquella época era el único lugar para resguardarte de la lluvia y tomar algo (mejor no mirar cómo estaba preparado y la cocina). La última vez que pasé por Hontanas me asombró ver cómo ha evolucionado el pueblo con varios restaurantes mesones y albergues y parece que el bar de Vitorino está cerrado. Sólo os diré que allí comí uno de los bocadillos más ricos y más sospechosos de todo el camino.

Saliendo de hontanas la senda va paralela a la carretera casi en línea recta hasta llegar a San Antón. Allí entonces sólo estaban las ruinas de la iglesia y un establo para el ganado. Llegar al atardecer al arco y la vista que desde allí hay a Castrojeriz es algo maravilloso. 

Arco de San Antón

Al caer la tarde el sol se pone por detrás de Castrojeriz, la vista es impresionante y estuvimos allí más de una hora para fotografiar la puesta de sol. La pena fue que en el momento justo se puso una nube delante y nos fastidió la foto a un peregrino que estaba allí esperando y a mí.

Puesta de sol en Castrojeriz

En Castrojeriz entonces sólo estaba el albergue de Resti: otro personaje singular del camino: allí las normas que se siguen son un tanto especiales y te despiertan a la vez a todos (es de agradecer pare evitar a los que madrugan en exceso) y nos levantamos con música para tomar un desayuno común. Resti es un tipo especial y te atiende dependiendo de su grado de humor, yo nunca he tenido problemas con él y ha sido muy simpático pero se oyen historias de todo tipo.

Castrojeriz es un lugar maravilloso, lleno de encanto. Ya entonces había varios bares en los que poder tomar unas cervezas y charlar con los peregrinos. La cena fue un encuentro con peregrinos típico en el que contar aventuras y estrechar lazos. 

Esta etapa es la antesala de mis siguientes caminos: aquí llegué en mi primera etapa a pie casi muerto (Burgos-Castrojeriz de un tirón y sin experiencia). En el siguiente camino Patrick nos contó su historia junto a Gerard, Joseba, los chicos de Neila… Pero esto son otras historias.



Burgos
febrero 11, 2009, 4:05 pm
Filed under: General

La mañana había comenzado bien: paramos a desayunar en Villafranca de Montes de Oca, café con leche y bocata de jamón. Nos preparamos para subir el puerto y llegar tempranito a Burgos. 

Dejamos la carretera a la derecha y pasamos junto a las tiendas de campaña que hacen de albergue allí. Nada más comenzar el caminito hay una cuesta enorme para iniciar la subida al puerto, al llegar allí y dar la primera pedalada fuerte zas!!! se cae el pedal: al principio pensé que era el eje el que se había roto aunque luego pudimos comprobar que sólo era el tornillo que sujeta el pedal al eje.

Buscar un tornillo de esas características allí era un problema, no había taller de reparación y nos dijeron que dos quilómetros atrás sí que había un taller para poder arreglarlo. Me fui al borde de la carretera para hacer autostop para llegar a ese taller. Después de un buen rato un amable señor me llevó hasta allí, conseguí el tornillo y de nuevo en autostop regresé a -Villafranca. Para ese momento ya era mediodía, buscamos un lugar para comer y en la parter alta del pueblo una señora nos ofreció en una especie de restaurante unas patatas fritas con unos huevos.

Habíamos perdido toda la mañana, la bici no sabíamos lo que iba a aguantar y tuvimos que suplicar que nos dieran algo para comer. Por lo demás todo bien. 

Sobre las dos de la tarde decidimos que debíamos llegar cuanto antes a Burgos para buscar un taller y reparar correctamente la bici; para ello tomamos la carretera en lugar del camino con la idea de llegar cuanto antes. comenzamos la dura subida pensando que ya habíamos pasado la mala parte del día: ja, ja, ja.

Cuando llevábamos algo más de un cuarto de hora de subida de repente el cielo se puso negro y comenzó a diluviar: truenos, relámpagos… la tormenta parecía de buen tamaño. Cuando llegamos a lo alto del puerto casi nadábamos más que ir en bici y no paraba. Decidimos continuar, a pesar de todo, porque teníamos que llegar cuanto antes a Burgos. 

Paramos en una aldea nada más terminar la bajada por tomar un café. No había bares y sólo en una casa con un cartel de coca cola. Llamamos a la puerta y nos aparece un tipo con un cuelgue tremendo: allí se fumaba de todo y era una especie de club o algo así donde varios colgados estaban tumbados por los sofás fumando y bebiendo. Les pedimos una cola y salimos corriendo lo más posible una vez nos secamos un poco.

En este momento descubrimos también que las alforjas no eran impermeables (todo estaba calado dentro). Cinco minuntos en ese antro y continuamos hasta llegar a la ciudad.

La llegada a Burgos es una de las partes más odiosas del camino. Se pasa durante un montón de quilómetros por polígonos y una enorme avenida recta que no tiene fin. El tráfico es infernal y no se respeta a peatones ni ciclistas. Odio esa llegada tanto como la llegada a León.

camino11

Además no paraba de llover. Cuando llegamos al centro nos pusimos a buscar alojamiento y continuaron los problemas: no había pensión con una sola plaza libre. Llegamos frente a la catedral y estábamos resguardados bajo los andamios de una obra: enfrente había un restaurante en el que se estaba celebrando una boda, el lugar era maravilloso, nuestra situación patética: empapados, sin sitio para dormir, debajo de una obra y frente a una celebración: ¡entonces se pone a granizar!

camino21

La visión del arcoiris era algo espectacular en este entorno.

camino31

Después de todo lo pasado ya no podíamos continuar más así. Nos fuimos a información y turismo y nos dijeron que podía haber sitio en un Melia de la ciudad: allí nos fuimos a verlo. Cuando aparecimos por la puerta: calados, llenos de barro… al recepcionista casi le da un infarto. Sólo al esgrimir nuestras tarjetas de crédito parece que la cosa cambió un poco.

Tenían una habitación doble disponible y allí decidimos instalarnos: por unas horas dejamos la austeridad del camino y nos movíamos entre alfombras y sábanas limpias. Llenamos la bañera e hicimos la colada en ella: el agua se quedaba marrón del barro. Luego colgamos calcetines, calzoncillos, culotes… por toda la habitación, aquello parecía un mercadillo. 

Yo salí hasta Decathlon para arreglar la bici y cuando salimos por la puerta del hotel a cenar limpios, vestidos normales, secos… el recepcionista ya nos miraba de otra forma. 

El final de la jornada fue estupendo: nos sentamos en un restaurante de la plaza de la catedral y cenamos tranquilamente recordando todo lo pasado en el día, una sopa castellana, una buena chuleta y una buena botella de vino. El camino tiene estas cosas: por muy mal que salga todo siempre te esconde un maravilloso final



Granizada en Los Arcos.
febrero 11, 2009, 3:58 pm
Filed under: General

Tras esta primera jornada las cosas parecían encarrilarse. Estábamos en el camino y poco a poco comenzamos a ver peregrinos. Nos tomamos las cosas con tranquilidad, lo importante en bici es que no te lo plantees como una competición. El camino se hace agradable en estas primeras etapas aunque es bastante duro con continuas subidas y bajadas.

Paramos a comer pasado Estella, allí había un gran supermercado y nos instalamos en una pequeña placita nada más salir de la ciudad, colocamos nuestro pic-nic y nos dormimos una buena siesta sobre la hierba del jardín. 

Luego parada obligada en la fuente del vino de Irache:

camino1

Al llegar a los Arcos sólo estaba disponible un pabellón cubierto: allí nos fuimos a dormir sobre nuestras esterillas. Nada más instalarnos en tan precarias condiciones se inició el diluvio:

camino2

¡Menuda granizada! Toda la noche sin parar de llover. Las gotas de lluvia golpeaban sobre los techos de uralita produciendo un sonido ensordecedor, no pudimos pegar ojo entre la incomodidad del suelo y la lluvia: estas son las cosas del camino.

Coincidimos con algunos otros ciclistas que hacían más o menos las mismas etapas que nosotros pero me fui dando cuenta de que la gente que iba a pie se quedaba pronto muy atrás. En bici vas más rápido y no te permite integrarte en el ambiente del camino tan rápido como lo hace la gente que va a pie. Ese ambiente lo percibíamos algo y me parecía muy atractivo… Empecé a meditar que el camino es para hacerlo a pie ya desde esos momentos.

La siguiente etapa nos llevó hasta Logroño. Sin novedades significativas. Conocimos algunos peregrinos a pie y otros en bici. Todo parecía marchar bien y los caminos se podían transitar a pesar del barro.

Siguiente etapa a Sto Domingo de la calzada. Almorzamos en Nájera y pudimos visitar Sta María. Allí descansamos un buen rato y logramos satisfacer nuestras necesidades fisiológicas (estupendos servicios limpios y desocupados). 

camino3

Desde aquí hasta Burgos todo parecía un simple paseo. Llevabamos bien el cansancio y las piernas respondían. Nada podía presagiar ningún problema…



Julio 97: Roncesvalles
febrero 11, 2009, 2:49 pm
Filed under: General

No fue un inicio brillante. La verdad es que no teníamos muy claro lo que íbamos a hacer. Para colmo las bicis no llegaron nunca. Estuvimos tres días esperando en Roncesvalles a que llegaran y finalmente tuvimos que bajar nosotros y recogerlas en Pamplona. 

Esos tres días paramos en la posada (no sabíamos ni que existía un albergue). Si algo tuvo de bueno es que pudimos pasear por los alredores, hicimos varias rutas a pie hacia arriba y hacia abajo (las ampollas en los pies de Emilio lo recordarán) y finalmente tuvimos que bajar en taxi para recoger nuestras bicicletas en Pamplona y comenzar allí.

 

Los primeros días fueron duros para Emilio que poco a poco se fue haciendo con la bici. En Pamplona aprovechamos la mañana para visitar la catedral y alguna cosa más.

Y realizamos nuestra primera etapa del camino hasta Puente la Reina. La primera en la frente: la subida al Perdón y después la bajada. Casi nos matamos por esas cuestas y de repente nos encontramos en medio de una aventura increible.

A pesar de todo algo iba enganchándonos cada vez más. Las dificultades de estos primeros días habían conseguido que estuviéramos aún más ansiosos por hacer camino. En Puente la Reina buscamos sitio para dormir y una señora, por una módica cantidad, nos alojó en una habitación de su casa. Entonces no había casi albergues por allí y la gente que iba en bici tenía pocas posibilidades de coger sitio.

La casa era vieja, como su dueña; en el centro del pueblo. Después de lo cansados que veníamos pudimos aprovechar para recuperar fuerzas en uno de los baretos del centro y a dormir. El primer día había sido agotador y emocionante. Todo estaba bien a pesar de las situaciones pasadas. Habíamos perdido tres días en Roncesvalles y nos había destrozado la subida al Perdón a primera hora de la tarde (con su correspondiente bajada llena de piedras en la que me destrocé las manos usando el freno). Pero estábamos enteros y nuestras bicis también. 



Los inicios
febrero 11, 2009, 2:46 pm
Filed under: General

Todo comenzó en el 97. Había preparado un viaje a Galicia con María del Mar y mi hermano Emilio y su mujer: Manoli. El viaje era por las rías baixas y visitaríamos Santiago de pasada. Mi amiga Carmen me había indicado los restaurantes, los lugares, los paisajes: todo perfecto. El viaje fue una maravilla desde A guardia a Santiago.

 

En realidad el viaje era como todos los que habíamos hecho: dos matrimonios jóvenes de gente sencilla, posición económica saneada y ganas de pasarlo bien, de aprender, de disfrutar. Conocimos sitios, disfrutamos de los productos gallegos, de la amabilidad de las gentes… ¡qué buenos recuerdos!

 

La verda es que todo se había iniciado porque yo había ido de viaje de estudios en C.O.U. a Galicia y además mis amigos Carmen (Lugo) y Alberto (Vigo) me hablaban tanto de Galicia que llevaba mucho tiempo con la idea e ir allí y disfrutar de todo. Comimos pimientos en Padrón, Almejas en Carril, Mariscada en A Guardia (allí me caí en el restaurante desmayado por una bajada de tensión), O Grove… Y Santiago:

 

Hasta aquí todo normal salvo por un pequeño detalle: en la plaza de Obradoiro vimos algunos peregrinos y en mi cabeza una lucecita se encendió. En los días siguientes no paraba de pensar en el tema del camino y comenzó a pasar por mi cabeza la descabellada idea de hacerlo: ¡Qué locura1

 

Al finalizar el viaje le dije a Emilio que estaba pensando organizar un camino y que estaría bien intentarlo los dos para el próximo verano: me había picado el virus de algo que ya nunca me va a abandonar. Así se gestó nuestra primera aventura: Emilio y Yo de Roncesvalles a Santiago en bici.